Cáncer de Riñón

Muchos tipos de tumores, tanto benignos como malignos, pueden presentarse en los riñones. El tumor renal es un área anormal dentro del riñón. Los términos masa, lesión y tumor se intercambian con frecuencia. Los tumores pueden ser benignos (no cancerosos) o malignos (cancerosos). El tipo más común del tumor renal es un área llena de líquido llamada quiste. El quiste simple es benigno y tiene una apariencia típica en los estudios de imagen. Este quiste no progresa hacia el cáncer y, por lo general, no requiere de tratamiento de seguimiento. El quiste complejo no tiene la apariencia típica del benigno y puede contener cáncer. Cuando se presenta el quiste complejo, las necesidades individuales determinarán la necesidad del tratamiento. Otro tipo de tumor renal es un tumor sólido de riñón (es decir, sin líquido). Los tumores renales sólidos pueden ser benignos, pero generalmente son malignos. De hecho, más del 90% de los tumores renales sólidos son cancerosos.

En los Estados Unidos, el cáncer renal es responsable de casi el 3% de todos los cánceres, con cerca de 12.000 muertes por cáncer renal cada año. Este cáncer se presenta con menor frecuencia en las mujeres y a menudo se diagnostica entre los 50 y los 70 años, aunque se puede presentar a cualquier edad. En los adultos, el tipo de cáncer renal más común es el cáncer de la célula renal, también llamado adenocarcinoma o hipernefroma renal.

Síntomas:

Muchos tumores del riñón no se detectan debido a la falta de síntomas y se detectan de forma accidental durante una evaluación médica de un problema no relacionado. Los tumores renales pueden causar síntomas por la compresión, alargamiento o invasión de las estructuras cercanas o dentro del riñón. Entre los síntomas causados por este proceso están el dolor (en el costado, abdomen o espalda) y la sangre en la orina (pequeñas cantidades que puede que no se vean). Si el cáncer se disemina más allá del riñón, los síntomas dependen del órgano involucrado. La respiración entrecortada o la tos con sangre puede presentarse cuando el cáncer es en los pulmones; el dolor óseo o las fracturas pueden presentarse cuando el cáncer es en los huesos y se pueden presentar síntomas neurológicos cuando el cáncer es cerebral. En algunos casos, el cáncer causa anormalidades clínicas o de laboratorio asociadas que se denominan síndromes paraneoplásticos. Estos síndromes se observan en casi el 30% de los pacientes con cáncer renal y se pueden presentar en cualquier etapa. Los síntomas clínicos incluyen pérdida de peso, pérdida de apetito, fiebre, sudoración y presión sanguínea alta. Algunos de los hallazgos en el laboratorio son las tasas elevadas de sedimentación de eritrocitos, el bajo conteo de glóbulos rojos (anemia), niveles altos de calcio en la sangre, pruebas anormales del funcionamiento del hígado, nivel elevado de fosfatasa alcalina en la sangre y conteo alto de glóbulos blancos. En algunos casos, los síndromes paraneoplásicos se solucionan después de la extirpación del cáncer.

Detección del cáncer renal:

Cuando se sospecha un tumor renal, se obtiene un estudio de imagen del riñón. El estudio inicial de imagen es, por lo general, una exploración ultrasónica o TC. En algunos casos se puede requerir una combinación de estudios de imágenes para completar la evaluación del tumor. Si hay sospecha de cáncer, se deberá evaluar al paciente para determinar si el cáncer se ha diseminado más allá del riñón. Por lo general, el cáncer de células renales se diagnostica mediante una biopsia, en la cual el médico extrae muestras de tejido para examinarlas bajo el microscopio. Cuando el cáncer se examina bajo el microscopio existen dos tipos de células distintas: las células claras y las células granulares (sarcomatoide), de las cuales algunos cánceres se inician con una mezcla de ambos tipos de células. Por lo general, el tipo de célula no influye en el resultado después del tratamiento; sin embargo, en algunos estudios clínicos el tratamiento con Proleukin® tiene mejores resultados para los pacientes con el cáncer de células claras.

Clasificación por etapas:

Determinar la extensión de la diseminación o la etapa del cáncer requiere de un número de pruebas. Las pruebas de clasificación incluyen rayos X, exploración de tomografía computarizada TC, ultrasonografía o imagen de resonancia magnética (IRM). Otras pruebas incluyen un pielograma intravenoso (PIV) y arteriografía. El pielograma intravenoso involucra la inyección de un colorante dentro de la vena para ayudar a visualizar los riñones, los uréteres y la vejiga. Si el paciente presenta dolor óseo, fracturas de hueso recientes o ciertas anormalidades en las pruebas de sangre, también se recomienda una exploración ósea. Se pueden requerir pruebas adicionales de acuerdo a las necesidades. El cáncer renal presenta una propensión a crecer en la venal renal y la vena cava. La porción del cáncer que se extiende dentro de estas venas se conoce como “trombo tumor”. Los estudios de imagen ayudan a determinar si el trombo tumor está presente. No existen pruebas de sangre u orina que detecten de forma directa la presencia de los tumores renales. La arteriografía involucra la inyección de un colorante dentro de los vasos sanguíneos que irrigan el riñón. La clasificación por etapas se confirma a lo último mediante la extirpación quirúrgica del cáncer y la exploración del área adyacente al riñón. El cirujano suele extirpar los ganglios linfáticos regionales para examinarlos bajo el microscopio. El examen de ambos riñones es esencial para asegurar de que uno trabaja de forma normal. Algunas veces, las etapas más progresivas de la enfermedad se pueden determinar mediante tales pruebas sin necesidad de cirugía.

En el 40% de los pacientes el cáncer de células renales se limitará al riñón y se trata de forma exclusiva con cirugía, la cual es curativa en el 90% de los casos. En el 60% de los pacientes con cáncer de células renales diseminadas fuera del riñón, la enfermedad no suele ser curable con cirugía es posible que otros especialistas, como los médicos oncólogos y radioterapeutas participen, en el tratamiento.

Después de completar todas las pruebas de diagnóstico y cirugía, se realiza una clasificación y graduación “patológica” final. Toda la información nueva referente al tratamiento del cáncer de célula renal se clasifica y se analiza por etapas. El grado del tumor es una medida subjetiva de qué tan agresivo aparece el tumor bajo el microscopio; por lo tanto, éste se determina a partir de la muestra quirúrgica. El grado no se puede determinar a partir de una imagen radiográfica (exploración TC, IRM, etc.), pruebas de sangre u orina. Por lo general, el grado se clasifica en una escala del 1 al 4, en que el número más alto corresponde al tumor más agresivo. Así, el grado más alto indica un diagnóstico menos favorable.

A continuación se presentan las definiciones simplificadas de varias etapas del cáncer renal. Haga clic en cada una de las etapas para obtener más información detallada sobre el tratamiento del cáncer renal.

Etapa I: 
El cáncer inicial es de 7 centímetros (cerca de 3 pulgadas) o menos y se limita al riñón, sin diseminación a los ganglios linfáticos o a lugares distantes.

Etapa II:
El cáncer inicial es mayor de 7 centímetros (cerca de 3 pulgadas) y se limita al riñón, sin diseminación a los ganglios linfáticos o a lugares distantes.

Etapa III:
El cáncer inicial es mayor o menor de 7 centímetros (cerca de 3 pulgadas), pero se ha diseminado sólo a un área de ganglios linfáticos regionales. El tumor inicial puede diseminarse a las venas renales o a la vena cava (la vena mayor que retorna la sangre al corazón localizada en el centro del abdomen cerca de la espalda), pero presenta una diseminación directa sin involucrar áreas fuera del área local de los riñones.

Etapa IV: 
El cáncer se ha diseminado a lugares distantes, invade más allá del área local o hay más de un ganglio linfático involucrado.

Reincidencia del cáncer de células renales:

El cáncer de células renales ha retornado después del tratamiento inicial con cirugía, quimioterapia, radiación o modificadores biológicos.

La clasificación clínica se basa en imágenes radiográficas antes de la cirugía, sin embargo, la clasificación patológica se basa en el análisis del tejido extirpado con cirugía. La clasificación del cáncer ayuda en la predicción del pronóstico y la supervivencia.